Kyo nace de la forma más esencial: la esfera. Un volumen perfecto, dividido idealmente en tres partes iguales y posteriormente comprimido en su sección superior, dando origen a una nueva geometría suspendida entre el equilibrio y la transformación.
Su superficie reflectante proyecta el espacio circundante, mientras que la luz interior emerge como un núcleo suave que realza la percepción de volumen.
En composición, los elementos se multiplican para crear una disposición ligera y dinámica, donde cada punto de vista revela una forma diferente.