Maru surge de un concepto disciplinado: círculo, papel, luz. En su diseño de 1980, Ingo Maurer eligió papel japonés y metal para crear una lámpara colgante cuya forma resulta casi arquetípica, pero que está impregnada de una artesanía sutil y una sensibilidad silenciosa.
La superficie ligeramente arrugada de la pantalla no es casualidad: es un gesto deliberado, un testimonio del material y de la mano humana que le da forma. El anillo de hierro rojo funciona tanto como acento visual como herramienta precisa para regular la altura.
Su contención es su fortaleza. Maru no busca llamar la atención; se revela a quienes se detienen y observan.